A VECES, EL TIEMPO PASADO FUE MEJOR

5 years, 12 months ago 0
Posted in: Blog, Noticias

Cuando van pasando los años uno es más pasado que futuro y va mitificando sus recuerdos pues la sabia memoria edulcora nuestras experiencias para que nuestra vida sea soportable.

Esta reflexión viene a cuento de que mis recuerdos de infancia deportiva son de pistas al aire libre, mucho frio y esfuerzo e ilusión por progresar. Recuerdo esas llamadas para entrenar con el senior, doblando entrenamientos, los viajes sin jugar un minuto, las bromas de los veteranos y el deseo que me volvieran a llamar. Era la cultura del esfuerzo, de los roles, del respeto a la autoridad y a la experiencia.

No niego que a veces se cometieran desmanes pero en el fondo subyacía un mensaje muy positivo, como el respeto al mas experto, el aprendizaje de los roles, la aceptación de no jugar porque debía aprender y no cejar en buscar nuestra oportunidad sin rendirnos al primer pequeño revés, la prioridad del trabajo a medio y largo plazo para hacerse un sitio y un status y el aprendizaje sin premio inmediato como forma de escala social y deportiva. Éramos hijos de padres de la posguerra dura, que se concentraron mediante el trabajo exhaustivo diario y la abnegada ayuda de esas heroicas amas de casa, que sacaron adelante a familias numerosas, con un solo sueldo y mucho sacrificio, amor y generosidad.

Poco tiempo tenían nuestros padres para llevarnos al partido, abrigarnos e hidratarnos o cuestionar a nuestros entrenadores, sobre todo porque para ellos un profesor o un entrenador o un árbitro representaban la autoridad de quien se ha preparado y al que habían cedido la responsabilidad de educar sus hijos.

No soy padre, pero observo entre los padres de mi generación que no caló mucho el mensaje de nuestros padres. Pensamos que cuanto más encima estemos mejores padres somos. A mí mis padres no me pudieron comprar zapatillas de marca o chándales caros, pocas veces me pudieron venir a ver jugar pero a cambio me dieron principios, valores y sobre todo ejemplo. Ahora estamos creando jóvenes blandos, que se frustran ante cualquier pequeña dificultad (y las que van a venir afectarán a toda una generación), jugadores que no quieren entrenar o viajar con el senior si no van a jugar, que en su vocabulario solo existe él y no el nosotros, que si un día no juegan ya no vuelven, donde jugar es un derecho y no una conquista a través del esfuerzo y el entrenamiento, donde el mérito es secundario frente al pago de una cuota, y cuando fallan siempre tienen alguna excusa.

Tal vez alguien no les ha dado la mágica palabra, CONFIANZA. La confianza nace del interior de uno, de la conciencia plena que uno hace todo lo que puede para ser mejor.

Willy Tisaire (Coordinador de Doctor Azua)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *